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O te instalas una app espía en el móvil o ingresas en prisión: la distopía ya es real en China

Lo que está pasando en Xinjiang, una región autónoma al noroeste de China, parece de película de ciencia-ficción. Las autoridades de dicha región han indicado a todos sus ciudadanos que deben instalar una “aplicación de vigilancia” en sus teléfonos. Si en algún control rutinario detectan que no han instalado esa aplicación, estarás detenido hasta 10 días.

La inexcusable decisión es un nuevo atentado a los derechos y libertades fundamentales y a una tendencia que parece “oficializar” lo que ya se estaba haciendo de forma oficiosa. El espionaje masivo e indiscriminado que plantea una medida como esta es la gota que colma un vaso desbordado ya por esa violación constante de nuestra privacidad.

En China o te dejas espiar o puedes ir a prisión

La voz de alarma la daban en Radio Free Asia, donde hace unos días se hablaba de esta orden que está tomando efecto en Xinjiang (Sinkiang). En esta región china hay una mayoría de población musulmana que incluye a millones de uigures, un grupo étnico con raíces en Turquía.

La notificación, que se envió a través de WeChat, indicaba que la aplicación a instalar, llamada Jinwang, monitorizaría los ficheros de los teléfonos de estos ciudadanos para “detectar automáticamente vídeos, imágenes, e-books y documentos electrónicos relacionados con el terrorismo y religiones ilegales”.

De encontrarse esas imágenes, los usuarios deben borrarlas, pero la cosa no acaba ahí: la aplicación móvil recolecta las búsquedas y conversaciones en Weibo y WeChat, además de datos sobre nuestra terjata SIM y los datos de registro a redes WiFi, guardándolo todo en servidores gubernamentales para poder analizarlo en cualquier momento.

¿Por qué se ha tomado esa medida en esta región? En Xinjiang se han producido varios movimientos separatistas y también atentados terroristas que se derivan de una tensión creciente entre la población uigur y una renovada población china que ha acudido a aprovechar una floreciente industria petrolífera.

La distopía convertida en triste realidad

Las amenazas a la privacidad siguen llegándonos desde todos los ámbitos. La voracidad por conocer más de sus ciudadanos o de sus usuarios ha convertido a diversos países y empresas en ese Gran Hermano que todo lo escucha y lo ve. O que al menos pretende hacerlo.

Lo vemos por todas partes en el segmento de la tecnología: desde unas aparentemente inocentes gafas hasta un cliente de correo web pasando por muñecas de juguete, sistemas operativos demasiado curiosos, asistentes de voz con ganas de ayudar o televisores inteligentes que son en sí mismos una historia de terror.

La cosa se agrava en el caso de los esfuerzos de diversas agencias de inteligencia por saberlo todo sobre todos nosotros. Las filtraciones que han sacudido al mundo desde que Edward Snowden abriera la (primera) caja de Pandora en junio de 2013 han demostrado que los atentados terroristas de aquel triste 11-S han sido la excusa perfecta para el inicio de una guerra, y no precisamente contra el terrorismo sino contra la privacidad.

Esa es una vez más la excusa esgrimida por las autoridades de esa región china, y aunque es impensable que algo así suceda en buena parte del mundo, también parecía impensable que sucediese incluso allí. Tiempos terribles para la privacidad, sin duda.

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